martes, 25 de noviembre de 2008

LA GATA NEGRA (1962), de Edward Dmytryk


Los ojos de una gata negra brillan en la oscuridad de un agujero que es escondite y hogar. Sus andares cadenciosos, elegantes y estilizados comienzan un paseo por el lado más salvaje de la bajeza, acompañados por la extraordinaria banda sonora de Elmer Bernstein. El jazz sincopado guía los pasos de la gata mientras cruza a uno y otro lado de la valla de un destino que la llevará a enfrentarse inevitablemente con otra gata, blanca y negativa, deseosa de arañar, de destrozar y de hacer suyo todo lo que no le pertenece. Pero los ojos de la gata negra permanecerán ahí, como dos diminutos faros en la penumbra, mientras la música nos seguirá recordando la inasible distancia que separa el lado salvaje de la tranquilidad felina de una vida que no es cómoda pero que es natural.
Con unos impresionantes títulos de crédito de Saul Bass comienza “La gata negra”, de Edward Dmytryk, basada en la densa y climática novela de Nelson Algren “Paseo por el lado salvaje” y en donde se nos muestra, bajo la agobiante capa de una época de perdedores donde la vida lucha por escaparse por las esquinas de los arrabales, la pasión que lleva a un hombre a atravesar medio país en busca de la mujer que un día amó. Y el hombre, primario y tozudo, se topará con una realidad teñida de violencia y lesbianismo, arropada por el calor de una ciudad que quiere echarle, disimulada por el cariño de algunas personas que encuentra y que saben lo afortunado que es simplemente porque en su inmensa nada, ese hombre tiene algo por lo que vivir.
En muchas ocasiones, parece que los callejones de las existencias se intrincan para llevar a un nudo de caminos del que no existe la salida. Y hay veces en que todos los senderos parece que te llevan a ella. Ella es lo único que mueve tus pasos. Ella es la que hace rechazar todas las mendicidades de cariño, todos los ofrecimientos inconscientes, todas las invitaciones al abandono. No rendirse también puede significar la desolación y el encuentro inesperado con la tristeza de la más absoluta de las derrotas. Y la gata habrá caminado, por fin, por todos los lados de una acera que se va estrechando por culpa de la ambición, del destino equivocado, de la vida fácil y desordenada, del intento por agarrarse con uñas de felino a la fruta más prohibida.
Laurence Harvey interpreta con convicción al hombre resuelto que es un analfabeto del sentir pero que sabe leer los impulsos de pasión como si fueran sueños que es capaz de alcanzar. Capucine compone un delicado papel repleto de matices que hacen de esta película el mejor trabajo de una carrera que nunca fue demasiado reconocida. Jane Fonda aporta el juvenil candor de quien se quiere hundir en las miserias sin haber abandonado los embriones de la inconsciencia. Anne Baxter, fantástica, amarra su rostro de decepción al viaje de vuelta que hace mucho que emprendió. Barbara Stanwyck, fría, calculadora, ladina, lujuriosa e inquietante, realiza su último papel en el cine y, con su pelo blanco, tiñe de negro todas las vidas que se atreven a rozar su incólume maldad. Quizá, después de todo, “La gata negra” sea una película interesante.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Cuando he leído el título de esta peli pensé que no la había visto. A medida que he ido leyendo lo que escribías sobre ella, la he ido recordando pero muy vagamente. Describías los movimientos de la gata negra y veía perfectamente a Capucine. Qué mujer tan enigmática y elegante. Si no recuerdo mal, fue el gran amor de mi querido Holden. Siempre me gustó esta actriz, pero la recuerdo en muy pocas películas.
Gema

César Bardés dijo...

Sí, los movimientos de Capucine eran muy felinos. Para mí fue una mujer de una rara belleza que fue absolutamente desaprovechada por el cine (era modelo de profesión) y, sí, fue el gran amor de William Holden y viceversa. Parece ser que ella se suicidó en 1990 al no soportar más la soledad en la que él la había dejado. En cuanto a su filmografía, como ha estado tan desaprovechada, tal vez no tiene muchos grandes títulos aunque la podemos recordar en "El león", de Jack Cardiff, junto a Holden, una película muy curiosa rodada en la reserva natural de Kenya propiedad del actor y que, sin embargo, ha caído en el olvido. No podemos pasar por alto que ella fue la esposa del inefable Inspector Clouseau en "La pantera rosa", de Blake Edwards o que apareció haciendo el ganso en "¿Qué tal, Pussycat?", de Clive Donner, junto a Peter O´Toole; o en ese papel secundario de arpía a la espera de una herencia que no llega en la maravillosa "Mujeres en Venecia", de Joe Mankiewicz; o que aparece brevemente en el "Satiricón", de Fellini. A partir de finales de los sesenta, nada, vacío total, una mera presencia en producciones europeas de segunda o en continuaciones de la saga de la pantera rosa. Como dato curioso, fue recordada en los testamentos de William Holden y Peter Sellers y además parece ser que durante toda su vida padecía crisis maníaco-depresivas, razón por la cual Holden la abandonó. Una vida que se paseó por el lado salvaje ¿verdad?

Anónimo dijo...

Sabía que hay una peli de ella que me gustaba bastante lo que ocurre es que, como siempre, no recordaba el título. No es ninguna de las que tu nombras, así que eché mano de chuleta y la encontré. "El Séptimo Amanecer", que además tenía a William Holden como pareja. De paso he leído que casi al final de su vida, hizo bastante amistad con Audrey Hepburn. Estoy segura que fue una buena compañía para su mitigar su soledad.
Gema

César Bardés dijo...

No he visto "El séptimo amanecer", no me avergüenza confesar que no he visto una película cuando sea así, no soy como muchos otros que dicen que sí y nanay. Tendré que agenciármela en cuanto pueda. Por otro lado, no sabía lo de su amistad con Audrey Hepburn pero es muy curioso...Ambas fueron romances para Holden...Supongo que Audrey sería una buena compañía para Capucine (o Cappi, como la llamaban sus amigos) porque sabía todo y más sobre Holden. Muy curioso ese dato.