viernes, 13 de marzo de 2009

COMANDO EN EL MAR DE CHINA (1970), de Robert Aldrich

 El heroísmo puede que sea uno de los actos más inútiles que la raza humana es capaz de hacer. Puede que un hombre cuya alma está llena de cobardía se convierta en un héroe porque, sin pensarlo, tiene una mochila llena de valentía. O tal vez puede que otro hombre que es un héroe pero que reniega de esa condición renuncie a su propio enaltecimiento como signo de una rebeldía que nunca ha llegado a apagar con el ruido de las balas. Incluso puede que haya alguien que se imponga la pesada y triste tarea de llegar a ser un héroe porque en su propia conciencia, la bravura esté en entredicho. Ser un héroe con el cuerpo lleno de agujeros es sólo una caída libre en medio de un campo abierto donde la hazaña se convierte en un blanco demasiado fácil.
En sus excelentes memorias, Mi vida y yo, Michael Caine cuenta que Cliff Robertson no era una persona que le cayera demasiado bien. Decía que ese actor, realmente, se creía un héroe. En mitad del rodaje, se le concedió el Oscar a Robertson por su interpretación en el mediocre melodrama Charly y no pudo ir a recogerlo. A Robertson le aterraba la posibilidad de que, a la vuelta, le fotografiaran bajando la escalerilla del avión sin su Oscar en la mano así que mandó al encargado de atrezzo que le fabricara una estatuilla de madera para pasar por delante de los fotógrafos, sonriente y con premio. Cuando llegó el momento, allí que salió Robertson con su Oscar de madera para comprobar, espantado, que al pie de la escalerilla le esperaba el Presidente de la Academia para entregarle el auténtico Oscar y, presa del pánico, tiró su Oscar de mentirijillas por encima de su espalda dándole en un ojo a Michael Caine que estaba justo detrás de él. Caine relata la escena con una mezcla de humor y de mala leche que hace que, por una vez, ser un héroe resulte incluso algo cómico, algo que solamente tiene valor cara a una galería de falsos admiradores.
Y es que es así. En el heroísmo, la guerra psicológica es un factor que deshace los principios que creemos que forman parte de nuestra propia personalidad. Una pandilla de canallas adentrándose en la selva puede estar repartida a partes iguales entre cobardes batidos en retirada y valientes lanzados al ataque. La guerra no saca lo mejor del hombre. La guerra, en sí misma, es una canallada. Y cuando las ráfagas silban, los canallas corren. Unos, en una dirección. Los demás, en otra.
Siempre que termino de ver esta película me pregunto a mí mismo si mi naturaleza es heroica o cobarde. Si me tuviera que ver perseguido por un reguero de disparos, mis piernas volarían o me paralizaría el miedo. Si cuando el cansancio me derrumbara, tendría fuerzas sacadas de la nada para continuar hacia delante. Y nunca consigo responder a estas cuestiones. Quizá nunca somos lo que nos gustaría ser. Quizá nunca seamos lo que creemos ser… Mi mirada, en este momento, lo está escribiendo en este papel. No creo en mí. Creo en el instinto natural de una supervivencia que, a veces, vale bien poco. Corran…corran…no dejen de correr…las balas no entienden de enemigos…sólo de descansos en el colchón de una carne tensa por la huida…



6 comentarios:

Anónimo dijo...

Esta película sólo la he visto una vez y media, sin embargo es para mi un icono importantísimo y una de las que más ha hecho para que me haya enganchado a esta cosa del cine.
La vi la primera vez en un ciclo de esos maravillosos que se programaban cuando sólo había "una" televisión en España, no había que luchar por la audiencia y se podía poner de todo, incluso cosas buenas que la gente las tenía que ver sin poder evitarlo.
La semana anterior habían puesto en ese ciclo "Objetivo Birmania", maravillosa en blanco y negro cuando aun no se pintarrajeaba nada. Sin esperanza de repetir el disfrute comencé a ver este "Comando en le Mar de China", bueh era de ingleses, cuando los que molan en las guerras son los americanos, menos mal que está aquí el capitán ese heroico y condecorado para hacer las cosas bien..., pero ¿que es esto?, que comportamiento más despectivo, que arrogante, que falso valor...Bueno, ya está, han cumplido la misión, de vuelta a la base...Que terror, que tensión, que implacable y sádico es el enemigo...no tienen salida...no se puede aguantar...hay que huir, huir, huir...o rendirse...o...hay que tener valor...eran muchos sólo quedan 2, el héroe es héroe...el cínico, el descreído, el que todo lo pone en duda, no lo es menos...Hay que correr, hay que hacer zig, hay que hacer zag...

Al día siguiente (y durante muchísimos días más) mis amigos, en la calle y en el colegio comentábamos una y otra vez la carrera final de esta película. Es aun motivo de conversación cuando recupero algún rato con los amigos de antaño, lejanos en tantas cosas pero con ciertos nexos comunes infantiles...¿recuerdas "Comando en el mar de China?...Si, Qué película...¿quien muere al final, el americano o el inglés?...Yo creo que...

¿Que mas da?....La media vez que volví a verla, fue hace poco, un zapeo fortuito me permitió ver los últimos 20 minutos...qué gozada...Ahora si os puedo decir que quien muere al final es, como dice Wolf, un héroe.

La semana siguiente pusieron en el ciclo “Infierno en el Pacífico”…aquellos eran grandes tiempos para los cinéfilos.

Un saludo y gracias Wolf. Carpet.

César Bardés dijo...

Yo también recuerdo aquel ciclo que fue una auténtica gozada. Creo que también por aquella época pusieron esa maravila de Anthony Mann que era "La colina de los diablos de acero"...En fin. Bien es cierto que durante muchos años perdí la pista a esta película hasta que un gran amigo decidió organizar una tarde de merienda en su casa y puso la película que había grabado un día que llegó a las tantas. Era "Comando en el mar de China". Dios, no me acordaba de quién era el que salvaba y quería que se salvara....bueno...el suspense se mantuvo hasta el final. Hay héroes en esta película. No son héroes al uso. No son portadores de hazañas más que la de salvar la propia vida en una jungla que es despiadada (qué guerra psicológica más tremenda emprenden los japoneses contra ellos) y me quedé alucinado de lo bien que Aldrich consiguió rodar aquella carrera final, con una agilidad y una fuerza extraordinarias.
No me des las gracias, si he conseguido el objetivo de entretenerte o hacerte recordar algo ya he llegado a la satisfacción. Estás aportando mucho a este blog y estoy seguro de que habrá más títulos que surjan de ti y que yo piense..."Caramba...estaría bien escribir sobre..."
Dame caña. Dales caña.

Anónimo dijo...

Gracias por valorar mis comentarios que no tienen más objetivo que charlar sobre cine, saco ratos de donde no hay para escribir las lineas que puedo...Eso tambien es parte de mi disfrute.

Hablamos de ese ciclo y sobre ello dos comentarios:

Otra de las películas de ese ciclo me pareció sorprendente, por la temática, por le tratamiento y por el desemlace : "La batalla de Anzio" de Edward Dmytrik...Me encantó.

Y otra no soy capaz de precisar el titulo, sólo recuerdos vagos pero impactantes...la pelicula recorre una agotadora marcha de un grupo de soldados hacia ningún sitio...la pleícula se basa una y otra vez en que hay que levantarse y seguir avanzando, un paso y luego otro..y despues otros más...siempre un paso más...Y cuando llegas y descansas...levantate de nuevo...Un paso más y tras este otro. Recuerdo que la sensación de agotamiento físico traspasaba la pantalla. ¿Recuerdas el film, Winston?.

Saludos.Carpet.

César Bardés dijo...

Nunca me gustó demasiado "La batalla de Anzio" y mira que Dmytryk sí que es un director que ha llegado a entusiasmarme pero en esta ocasión...no...tal vez también porque cuando vi esta película la vi en unas condiciones bastante malas, había gente alrededor sin dejarme escuchar con atención, etc, etc. Tendré que volver a revisarla.
En cuanto a esta que dices de la marcha, quizá puede ser "La colina de los diablos de acero", cuadra perfectamente con su argumento. Unos soldados se ven aislados en medio de ninguna parte y quieren volver a su base. Andan y andan y requeteandan. Cuando llegan...no hay base. Tienen que conquistar de nuevo la colina, árida e ingrata, donde se supone que estuvo la base. Por el camino, se han encontrado a un sargento que se las sabe todas y a un coronel que, debido a la fatiga del combate, es incapaz de hablar y de moverse. ¿Puede ser esa?

Anónimo dijo...

Gracias Wins, eso pensé ya que, aunque no reconocí el titulo de la peli de Mann cuando la mencionaste inmediatamente me vino a la cabeza las escenas de las largas caminatas..., en todo caso mejor preguntar que darmelas de listo o quedarme siempre en la ignorancia.

Perdón por contestar a los tres días pero es que los fines de semana Carpet desaparece.

Saludos.

César Bardés dijo...

De nada, Carpet, siempre es un placer. Y, por supuesto, aquí se contesta si se quiere y cuando se puede. Yo también he tenido el fin de semana en estado de esfumación así que no te preocupes.