miércoles, 27 de abril de 2016

GRAND PRIX (1966), de John Frankenheimer

La velocidad terminal, la adrenalina a chorro, el asfalto desafiante, la prensa sedienta de sangre, el final del camino, la seguridad de que la oportunidad no llega, el instinto de superación, la protección de la inversión, la jugada ladina, el deseo encontrado, la aventura fácil, el paseo por el borde de la muerte, los medios de información, la gloria del vencedor, el dinero lo mueve todo, la sombra de un hermano muerto, las gomas gastadas, los motores al límite, el salto hacia la eternidad, el circo continúa, el gran premio nunca para.
El mundo de la Fórmula 1 retratado tan de cerca que se puede oler a gasolina y a cambio de marchas quemado. Las cabezas girando de un lado a otro a velocidad de vértigo. Los pilotos también tienen pasiones y desengaños. Los promotores quieren rentabilizar su inversión poniendo en riesgo las vidas si es necesario. La sombra del humo que se diluye en el cielo es un peso que solo dura unos minutos. El paso decidido acabará por anular toda consideración por el campeón muerto. Primera, segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta…no hay final para tanto cambio de velocidad, para tanta técnica estudiada, para tanta marca de neumáticos en el suelo. Mientras el circo sigue en marcha, la vida apenas continúa. Solo vaivenes de hotel, vibraciones de triunfo y derrota, motores al rojo vivo…Llega un momento en el que hay que retirarse porque todo comienza a carecer de sentido y tan solo una última aventura, una última ilusión del amor entre cilindros puede salvar un corazón errante y veloz. Las segundas oportunidades son difíciles de conseguir y, sin embargo, pueden llegar. Basta con estar libre en el momento apropiado. Basta con poner cuarta en una curva que se debería pasar en segunda.

John Frankenheimer dirigió esta película de corte realista con una impresionante precisión no solo en sus planos sino también en sus elipsis. Saul Bass se encargó de los títulos de crédito y en los efectos multiplicadores de la potencia de los coches que solo quieren ganar. Delante de las cámaras, un reparto de ensueño que incluía a James Garner, Yves Montand, Eva Marie Saint, Brian Bedford, Jessica Walter y Toshiro Mifune. Elenco cosmopolita para dar a entender con sabiduría que la velocidad llega a todas partes. A pesar de que en algún momento pueda parecernos algo ingenua, sigue siendo un acercamiento fantástico al mundo de la Fórmula 1 de los años sesenta, cuando la aceleración comenzaba a ser la obsesión y solo valía el triunfo para rentabilizar las ingenierías. Los coches circulaban sin pegatinas en las carrocerías y se ponía en duda la palabra de un piloto que aseguraba que el cambio de marchas se agarrotaba. Todo por la victoria, todo por volver a ceñirse la corona de laurel del campeón. Ahora todo se ha magnificado y ya no queda ni sombra de aquellos héroes. ¿Qué más da? Apenas queda nada salvo la ambición de quien quiere llegar a lo más alto. Aunque eso, en muchas ocasiones, no sea suficiente.

2 comentarios:

CARPET_WALLY dijo...

La verdad es que las carreras de coches (como el futbol) son complicadas para llevarlas a la gran pantalla. No es fácil transmitir la emoción al volante por mucho que se intente, tampoco lo es la tensión del adelantamiento decisivo o de la curva trazada demasiado larga o el provecho del rebufo. La mayoria juegan a contarnoslo con esa voz de locutor competamente desgañitado que trata de animarnos cuando nos narra algo que en la pantalla no queda demasiado claro.
Aunque no recuerdo bien esta película (la vi hace mil años aproximadamente) en mi recuerdo guardo aun, la gran decepción que me causó "Le mans", aburridisima como si realmente durase 24 horas. Tampoco las carreras de formula Indi son mucho mejores, ni Cruise y sus "Dias de trueno" lograron que mereciera la pena. De lo mejor que he visto sobre el tema está "Rush" sobre el duelo Nicky Lauda-James Hunt con hensworth y Brhul mucho mejor de lo previsible, una buena película que se centar más en sus carreras que en las carreras (que las hay) y en eso creo que salimos ganando.

Abrazos a toda velocidad

César Bardés dijo...

Es cierto que no es fácil trasladar el mundo de las carreras al cine. Incluso insignes maestros como Howard Hawks lo intentaron con "Peligro línea 7000" y fracasaron estrepitosamente. Citas el ejemplo de McQueen en "Las veinticuatro horas de LeMans", muy fallida, como también lo fue el ejemplo de Paul Newman en "500 millas" e, incluso, si nos vamos al cine más clásico con Clark Gable en "Indianápolis". Es cierto que de lo mejorcito que se ha hecho es "Rush", que no deja de ser una historia verídica y de una rivalidad ciertamente apasionante y que se centran en las vidas y también en las carreras, por cierto, con una recreación estupenda de los años setenta. Sigo pensando que el mejor acercamiento a la Fórmula 1 es "Grand Prix" porque se destapa un poco la trastienda del circo. El morbo, los intereses, los mismos sentimientos de los pilotos (aunque quizá ésta sea la parte más floja de la película) con unos protagonistas cegados por el afán de victoria salvo, tal vez, ese Jean Pierre Sarti al que da vida Yves Montand y que, al final, acaba pagando con su vida seguir corriendo cuando ya siente que tiene que retirarse. En todo caso ésta y "Rush" son las mejores muestras de un circo que, al fin y al cabo, siempre ha sentido el aliento de la sangre como el mayor atractivo para llamar a las masas.
Abrazos en sexta.