martes, 18 de abril de 2017

RÍO ROJO (1948), de Howard Hawks

Si queréis escuchar lo que hablamos en "La gran evasión" de Radiópolis Sevilla acerca de "Blue Jasmine", de Woody Allen, podéis hacerlo pinchando aquí.

Para construir algo grande, primero hay que perder. Tom Dunson lo pierde pero eso hace que su esfuerzo sea más perseverante, más constante, más implacable. A su lado, un viejo compañero de armas y fatigas que nunca le abandonará, porque sabe que la amistad, cuando es verdadera, está mucho más allá de cualquier obstáculo. Y un niño que, en poco tiempo, se convierte en hombre de gatillo fácil y mirada huidiza. Al fondo, el polvo seco y pegajoso de la llanura que abrirá el camino para la ruta de la carne del viejo Oeste. Y será un camino abierto a sangre y fuego.
No es fácil llevar tantas cabezas de ganado a través de tantas millas repletas de torpes estampidas, de indios salvajes nacidos de ruidos nocturnos, de bandidos que solo pretenden robar lo que se ha juntado con tantísimo esfuerzo. No, no es fácil. Tanto es así que Tom Dunson también cree que no todos sus hombres están con él. Y la única manera de vencer al miedo es con miedo. No todo puede estar bajo la sombra del gigante y eso es lo que se escapa. Por allí, en algún recodo del camino, algo más cerca, estará una mujer de empuje y ganas, que cree que un padre y un hijo deben entenderse más allá de las diferencias surgidas a partir de la autoridad y, para ello, los dos deben ceder. El Oeste puede abrir grandes horizontes pero también construir enormes muros. Y lo que nunca debió romperse, se separa y solo el destino podrá hacer que todo quede reparado.

Howard Hawks quiso elevar la categoría del género del western a un nivel adulto, llevando la inteligencia en la funda y la aventura bajo el sombrero. Para ello, no dudo en juntar a dos actores de estilos diametralmente contrapuestos como John Wayne y Montgomery Clift, arriesgando que la química saltara por los aires en lo que se presentaba como una gran producción del lejano Oeste. El resultado fue impresionante porque los propios actores establecieron unas reglas para no pisarse las actuaciones y la credibilidad está asegurada. Tom Dunson es realmente el padre de ese muchacho algo descarado y valiente llamado Matthew Garth. El paisaje de plano profundo resulta un personaje más y la tensión crece con sabiduría entre las polvorientas cabalgadas de un puñado de hombres que fueron más allá de sus propias fuerzas para hacer realidad sus sueños. Y uno de ellos es esa impresionante Joanne Dru que nubla el sentido a las mismas balas. No importa que algunos vean en esta película una versión a caballo de Rebelión a bordo, o que no sea demasiado creíble el giro de algunos personajes. Howard Hawks estaba allí mismo, detrás de la siguiente colina, y en su mirada de zorro había tanto cine que lo único que el espectador puede hacer es montar en su caballo y unirse al sendero de Chisholm para llevar un buen puñado de cabezas de ganado a donde nadie ha llegado nunca. 

No hay comentarios: